Crecer cuando crees que no tenés ninguna vocación

Desde chiquita admiré a todos los que nacían con una vocación. Estábamos en el colegio; y ya querían ser médicas; maestras, arquitectas, jugadores de fútbol. Yo no.

Yo jugaba a tener mi propia confitería, inventaba el menú, cocinaba, hacía el café, lo servía: “Dani’s Cafe, siempre a su servicio” (armaba singles) y también lo cobraba. Quería hacer todo. Hacía todo. Estaba en todo. Pero también bailaba y entrenaba hockey. Y jugaba a Juliana maestra y periodista. Y también actuaba y cantaba y pintaba y decoraba.

Hasta que empecé a viajar. A aprender idiomas. Me metí en la facultad y nunca pude decir que “Ciencias Económicas” era mi vocación, y eso no me gustaba… pero seguí. No sé porque, pero seguí. Y también seguí viajando, con mi familia, con amigas, a estudiar, a pasar fiestas, de vacaciones.

Hasta que después empecé a trabajar. Y seguí viajando, principalmente para descansar y cambiar de aires. Dejé la oficina pero no dejé de viajar; me cargué la mochila al hombro, me arremangue y trabajé por el camino. Y trabajé de cosas que nunca había pensado que iba a hacer. Viví en hostels, en carpa y en una camioneta. Me seguía moviendo… a veces por placer y también por necesidad. Por curiosidad, por amistades, por aventuras, por yoga, y después porque no podía parar.

Y así, sin buscarlo, un día apareció mi vocación y todo tuvo sentido. 

Y el sueño de la confitería; el servicio al cliente, las ciencias económicas, la curiosidad, sistemas, administración, la cocina, el housekeeping, los caterings, los idiomas, la aventura… los amigos, la familia y los viajes. Todo. Todo ocupó y ocupa un lugar perfecto.

Todo paso y pasa por algo. Va, PARA algo.

En mi caso; para poder abrir CARAVAN. Para tener la cabeza abierta. Para recibir turistas. Para manejar mi negocio. Para trabajar con mi familia. Para que vengan mis amigos y para hacer nuevos todos los días. Para tener desafíos. Para arriesgarme. Para crear. Para crecer. Para creer. Para viajar mientras estoy en mi hogar. Y para tantas cosas más que todavía no las descubro.

Y así, como tiró un tal Steve Jobs; yo sigo uniendo los dots y confiando. Siempre confiando.

“You can’t connect the dots looking forward; you can only connect them looking backwards. So you have to trust that the dots will somehow connect in your future.”

 

 

 

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